Beneficios psicológicos de la danza

¿ Bailamos ?

Ana del Río Vega

No es difícil imaginar que la danza, como cualquier otra actividad física, aporta múltiples beneficios a la salud de quien la practica: tonifica y fortalece la musculatura, ayuda a quemar calorías, favorece la elasticidad y resistencia de las articulaciones y produce mejoras en el equilibrio, la postura, la circulación sanguínea, el funcionamiento cardiovascular y las capacidades físicas en general. Además, al bailar, no sólo se ejecutan movimientos, sino que estos, en general, van acompañados de música, lo que hace que los beneficios se multipliquen y además de los físicos, se produzcan también beneficios a nivel psicológico. A nivel individual, la música nos genera emociones que pueden llegar a ser muy intensas y afectar directamente a nuestro estado de ánimo, ya que se activan diferentes estructuras cerebrales. Por lo tanto, al unir la música con el movimiento de la danza, la activación cerebral que se produce hace que se liberen determinadas sustancias químicas, como algunos neurotransmisores que pueden ayudar a equilibrar y mejorar el estado emocional de las personas.

¿Cómo nos ayuda bailar?

Como ya se ha señalado, la práctica de la danza, además de colaborar al cuidado físico de nuestro propio cuerpo, tiene múltiples beneficios sobre nuestro cerebro al favorecer la liberación de determinadas sustancias. De hecho, a través de programas de intervención basados en danza, se ha comprobado que con la práctica de la misma, se ha conseguido mejorar el estado psicológico de diferentes colectivos como población infantil y adolescente, población en riesgo de exclusión, pacientes con cáncer, víctimas de violencia de género, víctimas de abusos sexuales y personas de edad avanzada con o sin problemas cognitivos, entre otros. Además, recientes estudios señalan que la danza se encuentra entre las actividades que pueden contribuir en la prevención de importantes enfermedades degenerativas como el Alzheimer, ya que al bailar, son muchas las funciones del cerebro que se estimulan. Asimismo, la danza contribuye a reducir el riesgo de diversas enfermedades neurológicas, ya que entre las áreas cerebrales que se estimulan, se encuentran aquellas que intervienen en el equilibrio y la coordinación de los movimientos.

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando bailamos?

Además de todos los beneficios físicos que nos aporta, la danza requiere la implicación conjunta del cuerpo y de la mente. Al bailar, se liberan en nuestro cerebro ciertas sustancias que actúan como neurotransmisores y que contribuyen a mejorar nuestro estado de ánimo.

Entre ellas, se encuentra la dopamina, que cuando está en los niveles adecuados, favorece los sentimientos de placer, amor, apego, motivación y bienestar, entre otros. Del mismo modo, también favorece los procesos de aprendizaje y memoria. Por el contrario, un déficit significativo de dopamina puede producir sensación de debilidad, falta de ilusión, desinterés e incluso síntomas depresivos.

Además, también se liberan endorfinas, que son unas sustancias neurotransmisoras que ayudan a reducir la sensación de dolor físico y aumentan la sensación de bienestar.

Un tercer neurotransmisor que tiene un papel importante mientras bailamos es la serotonina, que se relaciona con la regulación emocional y el estado de ánimo. Existen investigaciones que demuestran que el aumento de los niveles cerebrales de serotonina se relaciona con un buen estado de ánimo, lo que puede explicar el hecho de que es extraño sentirnos tristes o enfadados mientras estamos bailando. Si lo pensamos detenidamente, es raro ver una expresión de enfado en una persona que baila. Salvo si a nivel interpretativo se exige lo contrario, normalmente el baile va asociado a una sonrisa, con todo lo que ello implica. Sonreír favorece el bienestar físico y psicológico de las personas. Según los resultados obtenidos en estudios científicos, una concentración baja de serotonina se relaciona con estados depresivos.

¿Cuáles son los beneficios psicológicos de la danza?

Entre los numerosos beneficios de la danza, los que aportan más ventajas al bienestar psicológico de las personas tienen relación con los siguientes conceptos:

Autoestima: a través de programas basados en la práctica de la danza, se han observado mejoras significativas sobre la salud autopercibida y la autoconfianza, lo que a su vez potencia la autoestima, ayuda a superar la timidez, y mejora de forma notable el autoconcepto y las relaciones interpersonales. Trabajar para obtener resultados de este tipo es algo especialmente importante y necesario para mejorar el estado físico y psicológico en pacientes de determinadas enfermedades largas y complicadas, como muestran los estudios sobre programas de danza aplicados a pacientes con cáncer de mama.

Afecto positivo (AP) y afecto negativo (AN): el AP refleja el punto hasta el cual una persona se siente entusiasta, activa, alerta, con energía y participación gratificante. Por el contrario, el AN representa una dimensión general de estrés subjetivo y participación desagradable, que incluye una variedad de estados emocionales aversivos como disgusto, miedo, ira, culpa y nerviosismo. A través de programas de danza, se ha comprobado que con la práctica de la misma, mejoran significativamente los niveles de AP y disminuyen los de AN.

Sentimiento de pertenencia: El sentimiento de pertenencia es la identificación subjetiva que una persona siente con respecto a un grupo, comunidad, escuela o centro de cualquier tipo, en donde se siente aceptado y cómodo; en definitiva, en donde se siente que pertenece y que no es un extraño. Los resultados de los estudios señalan que la danza facilita en gran medida la posibilidad de conectar con los demás, ya que por ejemplo, para que las coreografías de grupo tengan éxito, se necesita la colaboración de todos los componentes del mismo, creándose un vínculo especial entre todos ellos. El sentimiento de pertenencia está relacionado con menores niveles de depresión y menores niveles de ansiedad, entre otros aspectos.

La danza antes y ahora

La danza, considerada como una de las primeras artes, tiene sus orígenes en los inicios de la humanidad. Se recurría a la danza para festejar aspectos tradicionales que se transmitían de generación en generación. Además, el hecho de formar parte de diferentes rituales (bodas, defunciones, guerras, fecundidad, etc.) le fue otorgando un carácter espiritual y convirtió la danza en una de las artes más importantes en las civilizaciones antiguas.

Sin embargo, en la actualidad, la situación ha cambiado notablemente. Parece que el hábito de bailar ha experimentado un descenso progresivo desde finales del siglo XX y principios del XXI. Entre los motivos para ello, las personas alegan falta de habilidad, sentir vergüenza y pereza como principales razones. Todo ello, unido a la falta de tiempo y al ritmo frenético de la sociedad actual, hace que esta actividad, tan divertida como saludable, cuente con un porcentaje pequeño de personas que la practican en comparación con otras actividades físicas.

A pesar de todo, hay que señalar que el baile goza de ciertas características que lo hacen accesible a todo tipo de público; por ejemplo, la danza no tiene ni edad ni género. Aunque hasta hace unas décadas la participación de hombres y mujeres era prácticamente idéntica, en la actualidad, el porcentaje masculino es significativamente menor que el femenino en lo que a actividades relacionadas con la danza se refiere. No obstante, existen tantas modalidades de danza, que no resulta complicado encontrar una que encaje con los gustos y habilidades personales.

Por otra parte, bailar puede ayudar a quien lo practica a superar precisamente esos problemas de vergüenza, falta de habilidad y pereza, citados anteriormente. En modalidad recreativa, la danza nos permite practicarla en total libertad, sin estar sujetos a ningún tipo de normas de ejecución o desarrollo como sucede en otras disciplinas deportivas o en la danza profesional. Además, al carecer de carácter competitivo, al contrario de lo que sucede en otras actividades físicas, la danza se orienta especialmente a la participación libre y espontánea, produciendo una mayor sensación de relajación y libertad.

Cuando bailamos, ya sea en solitario, en pareja o en grupo, podemos conectar con nosotros mismos, conectar el cuerpo con la mente de forma espontánea y divertida, dando rienda suelta a nuestra imaginación y desarrollando nuestra creatividad, sin compararnos con nadie. Al bailar, la mente desconecta automáticamente de los problemas, dejando a un lado las preocupaciones y manteniendo la concentración únicamente en la música y en los movimientos.

Bailar es una actividad que nos permite disfrutar de sus beneficios a la vez que nos divertimos y socializamos. Cada uno tiene su propio sentido del ritmo y así, poco a poco, se disfruta cada vez más de la experiencia y se desarrollan habilidades que nos harán bailar mejor, superar la timidez, mejorar el autoconcepto y hacer ejercicio, todo a la vez y de forma divertida.

Si reflexionamos acerca de ello, nos percataremos de que la mayoría de nosotros bailamos en algún momento y de un modo u otro cuando estamos solos, en casa, cuando suena nuestra música favorita, cuando sabemos que nadie nos mira y no nos sentimos juzgados. Estamos bien y nos sentimos bien. Entonces, ¿por qué no hacerlo más a menudo?

Si la práctica es en pareja, sea o no en una clase o curso, a los beneficios psicológicos de nivel individual se suman otros que benefician a la pareja en conjunto, ya que se fomenta la conexión y la empatía, se fortalece el sentimiento de equipo, la compenetración, el contacto y la comprensión entre sus miembros.

Si se baila en grupo o en clases colectivas, a la vez que se alcanzan los beneficios psicológicos ya explicados, se fomenta la sociabilidad, nos relacionamos, conocemos y nos damos a conocer. Se hacen amigos y se establecen relaciones.

 

Algunos datos interesantes sobre la investigación en danza

Actualmente son muchos los estudios científicos que demuestran el éxito de la danza sobre la condición psicológica de diferentes colectivos de la población. He aquí algunos resultados:

  • En población infantil y adolescente, se observa que la danza contribuye a mejorar la salud autopercibida y la calidad de vida (salud en general, capacidad funcional, autoestima, relaciones sociales y bienestar en general), y a reducir los niveles de emociones negativas (depresión, ansiedad, hostilidad, obsesión y agresividad).
  • En personas con demencia senil, la aplicación de terapias basadas en danza y movimiento ha resultado ser beneficiosa, sobre todo en las etapas iniciales de la demencia, con resultados positivos sobre la memoria y la atención. Además, incide positivamente en la sociabilización, prevención de caídas y equilibrio, por lo que puede ser un complemento valioso a la terapia convencional en este tipo de pacientes.
  • Las clases frecuentes de baile social desarrolladas en un corto periodo de tiempo parecen ser apropiadas y efectivas para individuos con enfermedad de Parkinson en fases leve o media. Se mejora principalmente la marcha y el equilibrio, proporcionando una mejor estabilidad y disminución de caídas, afectando directamente a la calidad de vida, disminuyendo el estado de ánimo negativo, la apatía y los síntomas depresivos.
  • Los resultados indican que el tratamiento de psicoballet favorece la recuperación del enfermo de cáncer, lo que incide en la reducción de su nivel de ansiedad, importante variable predictora de la evolución del paciente.

Conclusiones:

Actualmente son muchos los estudios científicos que demuestran los efectos beneficiosos de la práctica de la danza, en cualquiera de sus modalidades, sobre la salud mental de las personas de cualquier colectivo, edad y sexo, demostrando ser una herramienta accesible y eficaz para contribuir, junto a otras como por ejemplo la terapia psicológica y los hábitos de vida saludables, a reducir los niveles de ansiedad y otros indicadores relacionados con los estados depresivos.

Referencias:

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