Adicciones
Abusar de una sustancia supone consumirla más allá de la indicación como tratamiento médico o de los límites aceptados socialmente, lo que termina produciendo consecuencias adversas para el organismo.
A medida que se consume una sustancia van apareciendo fenómenos como la tolerancia (necesidad de aumentar la cantidad consumida para conseguir el efecto inicial), síndrome de abstinencia (síntomas ante la suspensión del consumo) y craving (deseo de consumo). Estos fenómenos son indicativos de los procesos adictivos y, como consecuencia, la vida se puede llegar a ver altamente deteriorada por la dependencia que se genera ante la sustancia.
Muchos de estos principios también son aplicables a los procesos adictivos de otra índole como son el juego y las tecnologías, siendo sustituible la cantidad consumida de una sustancia por el tiempo de dedicación a la conducta adictiva.
Por tanto, las adicciones suponen un problema que va más allá del consumo de sustancias nocivas, lo que significa que debemos incluir comportamientos nocivos para la vida social, familiar, laboral y/o íntima de las personas.
La intervención se basa en un contrato terapéutico mediante el cual se trabaja partiendo de una entrevista motivacional y la elaboración de un balance decisional donde se contemplan las consecuencias positivas y negativas, tanto del consumo como de la abstinencia. La psicoeducación, el control estimular, el apoyo externo (coterapeuta), el análisis funcional, la solución de problemas, las habilidades sociales, la exposición con prevención de respuesta, el entrenamiento cognitivo y la relajación son, entre otras, un conjunto de estrategias dentro del contrato de abandono del consumo para, finalmente, dar paso a la prevención de recaídas como forma de mantener los resultados una vez se ha logrado el objetivo. Por último, es importante recordar las situaciones de riesgo para estar preparado ante su presencia: estados emocionales intensos (positivos y negativos), impulsos y tentaciones, ponerse a prueba, conflictos interpersonales, presión social, estado del organismo.
Cuando nos encontramos en una situación de peligro, se producen unos cambios en el organismo y en el procesamiento de la información que nos impulsan a la respuesta de defensa. Esta defensa consiste en la huida o en el ataque y constituyen respuestas desarrolladas de forma evolutiva, por lo que son instintivas y nos ayuda a la supervivencia. Sin embargo, cuando aparecen ante una situación que no supone una amenaza real, la ansiedad se convierte en desadaptativa, comenzando así a constituir un problema si se mantiene en el tiempo o su intensidad o duración son desproporcionadas. Depende de si esa respuesta es ajustada o no, aparecerá la ansiedad clínica o la adaptativa.
Los episodios aislados de ansiedad elevada o de crisis están presentes en la población general, no constituyéndose así un trastorno propiamente dicho. Para diagnosticar un trastorno es necesario que los episodios sean recurrentes y provoquen malestar significativo, así como deterioro en la vida del individuo, ya sea a nivel social, laboral o en la esfera personal.
La diferencia entre ansiedad generalizada y la crisis de ansiedad o episodio de pánico radica en la temporalidad y el grado de respuesta. La crisis de ansiedad viene determinada por un episodio agudo (repentino) de ansiedad muy elevada y miedo intenso hacia un futuro inmediato, y los síntomas suelen estar presentes en mayor o menor medida. La ansiedad generalizada es un estado de activación no tan intenso pero extendido en el tiempo y dirigido hacia un futuro menos inminente (preocupación).
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